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El pecado y los tipos de pecados - Parte II

En la Parte I de este tema decíamos que la clasificación de los pecados en veniales y mortales es la más útil de todas. Ahora dedicaremos la Parte II a profundizar en el discernimiento entre unos y otros.

Recordemos que el pecado, cualquiera que sea su tipo o gravedad, es siempre una ofensa a Dios.

Ahora bien, el pecado mortal se diferencia del pecado venial en que el mortal es grave y el venial es leve. Esto lo podemos resumir de manera esquemática así:

Pecado mortal = pecado grave

Pecado venial = pecado leve

El pecado grave rompe completamente nuestra amistad con Dios. El pecado venial no la rompe, pero la debilita.

 

Los efectos del pecado mortal son:

  • La pérdida de la amistad con Dios.
  • La muerte de nuestra alma a la vida sobrenatural.
  • La condenación eterna al infierno, si morimos con ese pecado.

Estos son los efectos en el ámbito de los bienes espirituales. Sin embargo, hemos de considerar también que, en los bienes naturales, numerosas enfermedades, encarcelamientos, ruinas, desgracias de familia, etc., tienen como origen un pecado grave contra la Ley de Dios.

 

Los efectos del pecado venial son:

  • Enfermar nuestra alma en cuanto a la vida sobrenatural.
  • Disponernos a cometer pecado mortal.

Hemos de aclarar que los pecados leves (o veniales) no se convierten en graves con el tiempo, ni tampoco es que un determinado número de pecados veniales "se vayan sumando" hasta hacer un pecado grave. No es así. Ni siquiera muchos pecados leves hacen un pecado grave. Sin embargo, el pecado leve dispone al pecado grave, pues debilita la voluntad y nos priva de gracias sobrenaturales con las cuales podríamos luchar mejor contra el pecado grave. Por ello se afirma que el pecado venial no priva al alma de la gracia de Dios, pero sí debilita los cauces a través de los cuales nos llega la gracia de Dios.

Los pecados veniales no nos excluyen del Reino de Dios. Es decir, si alguien muere teniendo pecados veniales en su alma, se salva pero habrá de purificarse pasando algún tiempo sufriendo en el purgatorio antes de entrar en el Cielo.

 

Condiciones para que un pecado sea Grave (o Mortal):

  • Que la materia sea GRAVEMENTE MALA, o que el individuo PIENSE QUE ESA MATERIA ES GRAVE, aunque de suyo no lo sea.
  • Que al hacerlo la persona SEPA (O PIENSE) QUE ES GRAVE.
  • Que la persona QUIERA HACER AQUELLO QUE SABE (O PIENSA) QUE ES GRAVE.

 

Aclaratorias importantes sobre las condiciones para que un pecado sea Grave (o Mortal):


  • Simultaneidad ( = han de cumplirse las 3 condiciones dichas, y han de cumplirse al mismo tiempo)

Para que haya pecado grave deben darse las tres cosas al mismo tiempo. Si no es así, entonces ese pecado no es grave sino leve. Es decir, si falta cualquiera de las tres condiciones señaladas previamente, no hay pecado grave.

Dicho de otro modo: cuando la materia no es grave; o es grave, pero yo no lo sé; o lo sé pero lo hago sin querer o sin darme cuenta. En estos casos no hay pecado grave.

Por lo tanto, todo lo que se hace sin querer (por ignorancia, por descuido, sin caer en la cuenta o en un arrebato inevitable), o lo que se hace sin pleno consentimiento, o sin plena advertencia no es pecado grave.

Los pecados dudosos, en los que no se sabe con certeza si ha habido plena advertencia y consentimiento perfecto, es muy conveniente decirlos como dudosos al confesor, para más tranquilidad; pero estrictamente hablando, no hay obligación de confesarlos. La duda puede ser también sobre si se cometió o no se cometió el pecado; si se confesó o no se confesó; si la materia del pecado fue grave o leve. En ninguno de los estos casos hay obligación de confesarlos; aunque está mejor hacerlo manifestando con sinceridad la duda al confesor.

 

  • Materia Grave ( = acción, pensamiento u omisión totalmente contrario a alguno de los 10 mandamientos)

Materia grave es una cosa de importancia. Puede ser grave en sí misma (i. e: blasfemar) o en sus circunstancias (i. e: mentir con daño grave para el prójimo).

 

  • Plena Advertencia ( = saber o estar convencido que aquello es gravemente malo)

La advertencia acerca de la gravedad de la materia debe acompañar o preceder a la acción. No basta que se caiga en la cuenta después de cometerla.

La advertencia se refiere al conocimiento verdadero (objetivo) de la gravedad moral de la materia; o bien, a la certeza interior (subjetiva) de que la materia es grave moralmente. Por esta razón si alguien comete un pecado creyendo que aquello es materia grave (aunque en realidad no sea grave) entonces realmente comete pecado grave.

La ignorancia culpable no excusa el pecado. Ignorancia culpable es la situación de aquellos que no saben lo que es moralmente grave porque no han querido enterarse, o han rechazado las oportunidades de formar rectamente su conciencia (no quieren oír a quienes les aconsejan sobre la Fe; o rechazan la formación de la catequesis; o no se interesan en recibir una catequesis de adulto para profundizar en la Fe). De manera similar, una conciencia equivocada (que cree que un pecado es leve cuando en realidad es grave) es culpable si se debe a despreocupación por conocer la verdad y el bien.

 

  • Pleno Consentimiento ( = quiero hacer, pensar u omitir algo aunque sé que es gravemente malo)

El consentimiento de la voluntad debe ser perfecto; es decir, que hay libertad para hacer la cosa o no hacerla. En efecto, quien no tiene libertad para hacer o dejar de hacer una cosa, no obra por propia voluntad, y por lo tanto no peca (i. e. Quien está encerrado en la celda de una cárcel no peca si no le dejan ir a Misa en día domingo).

También hemos de saber que aquello que se hace estando soñoliento y medio dormido, a lo más es pecado venial. Tampoco es pecado nada de lo que se hace en sueños -aunque fuera pecado hacerlo despierto- pues soñando se obra inconscientemente.

Para que sea pecado grave hace falta que uno se deleite en lo que está prohibido, completamente despierto, y con plena voluntad y deliberación. Ese deleite en lo que Dios ha prohibido lleva en sí mismo, al menos implícitamente, el rechazo de Dios y de la obediencia que le debemos por ser el Ser Supremo, la más alta autoridad. Por tanto, para que haya pecado no hace falta querer ofender a Dios directa y explícitamente: eso sería actuar con un inmenso grado de malicia, algo verdaderamente diabólico.

Ahora bien, ¿por qué alguien que comete un pecado en materia leve, pero creyendo que esa materia es grave, comete realmente pecado grave (o mortal)? Porque quien actúa de esa manera ha escogido algo aun considerándolo gravemente contrario al querer de Dios. Esa actitud del corazón, es decir la elección de algo a pesar de estar convencido de que aquello nos puede privar completamente de la amistad con Dios, es ya en sí misma un pecado grave, pues se está despreciando implícitamente el amor a Dios y a la vida sobrenatural de nuestra alma.

 

Aclaratorias generales acerca de los pecados:

1) Es importante saber que Dios juzga nuestros pecados tal como los tenemos en la conciencia. Lo que Dios castiga es la mala voluntad que tenemos al hacer una cosa, no las equivocaciones o errores involuntarios. Es decir, peca todo el que hace (o desea) voluntariamente lo que sabe que Dios ha prohibido; esto es, para pecar basta hacer (o desear) por decisión propia algo que sé que es pecado, dándome cuenta de que aquello es pecado.

Dicho de otro modo, debo darme cuenta que al hacer, pensar u omitir aquello estoy haciendo algo malo. Si al hacerlo, pensarlo u omitirlo no advierto que peco, entonces no peco. Por lo tanto, si una acción, pensamiento u omisión es pecado pero yo no lo sé, entonces al hacerla no cometo pecado.

2) Para pecar basta tener intención de hacer lo que es pecado, aunque después no se realice. Soy culpable del pecado en el momento en que he decidido cometerlo, pero un pecado de obra que ha sido consumado (realizado materialmente) es más grave, aunque sólo el intentarlo ya es pecado.

3) También hemos de saber que una acción que de suyo es lícita -moralmente permitida- es pecado si, al hacerla, yo creo erróneamente que es pecado y la hago libremente. El pecado cometido será grave si, al hacerlo, yo lo tenía por grave, aunque de suyo la materia no sea grave. El pecado cometido será leve, si al hacerlo yo lo tenía por venial, aunque después me entere que la materia fue grave.

4) La educación de la conciencia es indispensable, ya que una conciencia bien formada es la guía correcta para distinguir el bien del mal, y para saber si un mal es leve o grave. Para formar bien nuestra conciencia, debemos conocer la ley de Dios, la cual está resumida en los 10 mandamientos. También debemos conocer las explicaciones morales que enseña el Magisterio de la Iglesia acerca de los 10 mandamientos. Y recordemos siempre que el bien y el mal tienen un valor objetivo, y no dependen de las opiniones de cada persona.

 

 

Fuentes Bibliográficas:

  1. Para Salvarte. P. Jorge Loring, S. J.
  2. http://www.corazones.org/diccionario/pecado.htm
  3. http://ec.aciprensa.com/p/pecado.htm#IIIJ
  4. Catecismo de la Iglesia Católica
  5. Teología Moral para Seglares. P. Antonio Royo Marín, O. P.

 

Tags: Dios, fe, moral, verdad
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